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martes, 14 de febrero de 2012

Y ME LO HICISTE VOS, QUE SOS MI AMIGO...

Manera ajustando al "Mago"
Esta debe ser una de las frases que más le haya dolido a Sergio Markarián. Se la lanzó Eduardo Luján Manera, DT de Universitario, un 27 de octubre de 1996, la recordada tarde en que Sporting Cristal consiguió el tricampeonato en aquel partido que fue suspendido por la negativa de los cremas a seguir jugando. Paolo Maldonado había adelantado para Universitario y el triunfo merengue ponía de candela el campeonato, ya que se acercaba a Cristal en la punta. Y de pronto ocurrió una de las polémicas del encuentro. El árbitro Jorge Torres no expulsó al paraguayo Garay tras un fuerte patadón al "Cuto" Guadalupe, lo que hubiera dejado a los rimenses con un hombre menos y el marcador en contra. A los 40 minutos del segundo tiempo, tras una falta de Alessandro Morán sobre Nolberto Solano dentro del área, Torres sanciona penal para los rimenses que terminaría convirtiendo en gol Jorge Soto. Más allá de la clara falta, los cremas sentían que les habían metido la mano, más aún por la no expulsión de Garay. A falta de dos minutos para el final, un contragolpe del "Coyote" Rivera terminó con el "Puma" Carranza haciéndole una llave de lucha libre al delantero rimense, por lo que Torres nuevamente sancionó penal y además expulsó al de la "U". Y aquí comenzó el desmadre. Entre los que estaban en la cancha y la banca merengue rodearon al árbitro no sólo para insultarlo, sino también como hizo Guadalupe, meterle tremendo puntapié en las posaderas. Se suspendió el partido y los de Cristal dieron la vuelta olímpica en medio del desorden. Luján Manera, que también había sido expulsado, seguía todo desde la boca del túnel y al ver el quilombo quiso meterse a la cancha para darle su chiquita al árbitro. 
Quiso hacer justicia por su cuenta
Es elocuente la foto en la que con el rostro desencajado trata de ser contenido por un policía. Luego de unos minutos se cruza con Sergio Markarián y éste levantó la mirada y extendió el brazo a modo de saludo. Entonces Manera, tomándole rudamente la mano dijo: "Decime, cuánto le pagaste (al árbitro), eh? Y me lo hiciste vos, eh? que sos mi amigo...¡Me la vas a pagar! El uruguayo se quedó perplejo, con cara de no entender nada. Años más tarde, Eduardo Luján Manera confesó en una entrevista sentirse arrepentido de haber reaccionado así. Un 25 de agosto del 2000, un cáncer generalizado se llevó a este técnico argentino cuya frase lapidaria dejó helado al "Mago".
Jorge Torres huyendo de la furia crema

SE LE SECÓ EL CHORRITO

Marcando a Roger Milla. La vejiga de Leguía fue la más tardona del Mundial
Nuestro paso por los Mundiales de Fútbol ha dejado graciosas anécdotas. Creo que aparte de algo de buen fútbol, no hay que ser mezquinos y reconocer que algunos buenos partidos jugamos, nuestros jugadores fueron protagonistas de hechos que pasaron al libro de las curiosidades. La siguiente tiene como protagonista a Germán Leguía, quien tras el primer partido ante Camerún (empate a cero en La Coruña por el Mundial 82), fue sorteado para pasar el control antidopaje. El larguilucho mediocampista estuvo más de cinco horas intentando miccionar sin éxito alguno, y recién logró su cometido cuando cayó la noche. "Terminado el partido, me tocó pasar la prueba antidopaje, y como yo sudo mucho dentro del campo me demoro en orinar. Ese día batí un récord mundial: tardé cinco horas y quince minutos, y me tuvieron que dar champaña y cerveza para facilitar el proceso. El segundo partido fue contra Italia y nuevamente salí sorteado. Los encargados de la prueba me bromeaban diciendo que yo no quería orinar para que me den más licor". Nuestro Premio Nóbel Mario Vargas Llosa, quien cubría el Mundial para medios españoles, reseñó el singular hecho de la siguiente manera: " (...) la dramática inhibición de micción -esta cacofonía es, al parecer, la fórmula médica adecuada- de Germán Leguía, el jugador peruano que, llamado a pasar el control antidoping, demoró cerca de cinco horas en producir las gotitas de orina que requería el laboratorio. Ni los vasos de agua, botellas de gaseosas y copas de champaña que le hicieron beber, ni el chorrito del lavador que le hicieron correr a su lado para estimularlo y contagiarlo, ni los rumorosos susurros de médicos y enfermeras -pssss, pssss, pssss- parecían vencer la formidable testarudez de esa vejiga, hasta que, por fin, rayando ya la noche, la desesperada enfermería percibió, contra la blanca losa de la bacinica, el tintineo liberador..."